miércoles, 30 de noviembre de 2011

Es el turno del momento



De frente un lienzo en blanco. De frente, un nuevo horizonte. En él, mil caminos en penumbra ante la incertidumbre de un supuesto.
Define una sonrisa, o define una lágrima. Y ahora responde a la lógica mientras te percatas del absurdo.
¿Qué es el bienestar del momento si no una ilusión más que se esfuma con pasmosa velocidad?
¿Cuándo puedes tomar “límite” como tu única e irrevocable determinación?
Un día nuevo es un día al fin y al cabo;
Y al cabo del tiempo, no habrá nuevos días que archivar.

La memoria es el regalo que te ofrecen las temporadas vividas. Resulta imprescindible recordar la belleza de los instantes, así como es necesario perpetuar la sombra de los daños.
Pienso en cuentas y busco sentidos hasta encontrar el que me responde. Es que, en determinados momentos, no contamos el tiempo con relojes ni calendarios.
Esta noche paro una manija por cada mes que arranco, e invierto el sentido para revivir pasados. Los buenos. Y los malos.
Es cierto, en la consciencia está la conciencia. Sé qué y sé cómo. También sé cuándo, sé por qué.
Y doy vueltas sobre una idea. Y los giros del tiempo dan vueltas…
Así, al voltear el tiempo, giramos irremediablemente…
Giramos nuestras ideas.
Giramos nuestras determinaciones.
Giramos la decisión innegable del tiempo que quería condicionar nuestra forma de sentir.
Y ahora, ¿de quién es el turno?… Ahora únicamente es el turno del momento, y él sólo vive con nuevas condiciones.